De fotos, mitos, libros y vuelaplumas

Mostrando entradas con la etiqueta Anney. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Anney. Mostrar todas las entradas

Confesiones a una piedra

On
martes, 28 de noviembre de 2017

Tumbada sobre una losa de piedra enmohecida, una figura de pelo largo y sombrero emplumado observa asomar un tímido sol entre las nubes de una mañana que va dejando atrás los calores propios de la estación que casi termina, y como el preámbulo de aquella estación que está por venir, rezuma en voz alta, palabras al viento y destinadas a un intérprete que por suerte, ya no podrá ofrecerle réplica.


Caspar David Friedrich


«Qué voy a contarte que no te haya dicho ya, bien sabes: toda una vida luchando contra el paso del tiempo, ganando pulsos a su palpitar, tratando de que mi aliento suene más fuerte que el tic-tac de ese reloj que ahora descansa en la repisa de la chimenea. Toda una vida tratando de ser más rápida, con la sabiduría de sentirme ingenua, ilusa en mi pretensión, sin ser consciente que la huida no es de la muerte, que nunca lo ha sido desde que puse un pie en esta tierra. 

Solo ha hecho falta poner un pie en la tumba, o mejor dicho un cuerpo entero, y vibrante, cargado de vida, para saber que la huida es de los miedos, de esos que no causa el cadaver que yace bajo tierra, sereno y plácido en su reposo, ahora ya sí. Que siempre ha sido de los miedos cotidianos, aquellos que escondemos en el profundo y oscuro rincón de la intimidad, de ese mismo rincón al que nunca miramos, al que nunca nos adentramos sin un candil que nos proteja de sus sombras, profundas y alargadas, reptantes como algunas ideas, como algunas lenguas, esas que hace falta callar».

Con una palmada sobre la piedra fría y silente, y tras depositar sobre ella una flor que más bien parece un cardo borriquero, recoloca su sombrero y abandona el pequeño cementerio.






Primeras pruebas

On
lunes, 13 de febrero de 2017
Suena blues en un viejo tocadiscos y comienzo, de nuevo, mis primeros (o el retorno), al Matte Painting. Visualizo a Anney y compañía.

© Malaventura


El rio Alandor, a su paso por la ciudad de Crimmor que comienza a iluminarse, el sol, que se oculta dejando algunos de sus últimos rayos sobre los Picos de las Nubes, y Anney, tratando de reconciliarse con su violín en soledad. Lo echaba de menos, a él, al erudito que había robado su corazón, pero necesitaba un poco de tiempo para que la magia volviese a fluir por sus dedos. Sin su arte, no era nadie, no era nada, y sin ser nada, poco le podía entregar. Fluye...

Al Viento

On
miércoles, 8 de febrero de 2017


  Lo conocí en el añorado desierto,
mostrándome los densos valles que gobierna,

Y regalándome, como la arena que cae de mi mano, su volatil esencia.


Me embriagó en el rocío lleno de agua,
con un amanecer de gotas que trasportaba para mojarme.

Caricias en las que fui amante
del abrazo de la brisa, esa, la misma,
que trata de deshojar la seca rosa del desierto
buscando un intenso aroma que sabe a esencia de sal.

Me embriagó y ahora lo anhelo,
me confieso ser amante del viento, de su rabia,
de la furia con que me achanta.

Me confieso dejarlo navegar como suave brisa por mi cuerpo,
y es ese navegar, su capacidaz de hacerme virar, por lo que yo confieso:
que me dejaré ir sin pensar, pues es esto y no otra cosa, lo que mis pasos han de buscar.

Lance Segundo: Al Viento.
Encargo para uno de sus jinetes.
Por Anney Gallaway

Volarme

On
jueves, 26 de enero de 2017




 Una buhardilla deja ver a través de su ventana la silueta de una mujer, coincidente con el crepitar de la llama de la vela. El suelo está atestado de pergaminos y viejos tomos, dibujos a carboncillo de los que parecen ser criaturas espectrales y demasiados papeles arrugados de frustrados intentos por componer algo decente. Una dulce voz canta, liberando de su testa palabras sin mucho sentido:

Tan bello es volarme
al tiempo volar.

Aire susurrando en rincones perdidos
alzando páginas de tomos antiguos.

¿Acaso son espectros?
Si la muerte me lleva, pediré al susurrante que sea La bella muerte.

Suena un violín impulsante,
brisa fresca que traviesa ondea en las noches templadas
roza, se adentra, se pierde y al tiempo... volar.

Semblanzas a la muerte. Anney Gallaway.

Audiciones y el principio de la gloria.

On
miércoles, 4 de enero de 2017

De cuando Anney realizó la prueba para trabajar bajo el mecenazgo de cierta compañía de renombre, en ciertas tierras.

Lo que compuso y embelesó al público fue lo siguiente:

© Marta Nael


Sobre un ancestral auditorio una mujer lleva con delicadeza su violín al hombro, afinando en unas primeras notas y dirigiéndose al público.


—Que la melodía de estas notas acaricien vuestra alma, sentid que soñáis despiertos, que son vuestro alimento. Escuchad a esta pues, vuestra encandiladora...

En su rostro una presente sonrisa, en su cuerpo una reverencia, y un instante después el arco del violín se desliza hacia su hombro, los ojos se cierran y las primeras notas salen de sus manos con una melodía suave que va envolviendo y acompañando los tenues sonidos del bosque.

El auditorio, el público, guarda silencio. A través del mismo, una embriagadora voz que cuenta:


—Como el viento que mece nuestro cabello a su antojo, así los destinos se han trazado bajo el telar del misterio. Mientras pensamos en que camino tomar, las suertes son echadas a voluntad.
¿Qué nos queda entonces de los días pasados? Lo que permanece, el aire vacío que ha de volverse a llenar.

Con el compás de la música, la mujer se mueve como si una suave brisa azotase su cuerpo en forma de junco.

—¿Puedes alcanzar el aire con tu mano?, retenlo para mi esta noche Pues en él las historias pasadas y los destinos, encontraré.

Las notas son ahora más enérgicas y pasionales, como si saliesen de sus entrañas, lo que se aprecia en el rasgar más violento del arco de violín.


—Acariciame con esa mano llena de buenas y malas suertes Y guiña conmigo este ojo medio ciego, pues la vida no es un para siempre y en la búsqueda de la eternidad he dejado mi dicha y mi felicidad.

—Tiendeme la mano...

Una nota queda y lánguida, mantenida, acompaña a la apertura de ojos de nuestra protagonista quien en un susurro que atraviesa la suave melodía deleita:

—Sóplame en esta noche ya madura, a tu antojo y tu vaivén
¡Oh! bendita suerte la mía, que en tus ojos la dicha de la fortuna encontré.

—Despierta… despierta… despierta...

La mujer descuelga con gracilidad el violín de su hombro y agarrándolo con firmeza se inclina hacía el público.

El qué o el quién

On
domingo, 18 de diciembre de 2016

Del cuaderno de notas, referidas a las semblanzas a la muerte y otros lances de mejor suerte.

Edmund Koken (1814-1872)




   l grito quebró la noche... apagando la tenue luz de una vela que me mantenía en vilo mientras devoraba uno de aquellos libretos novelescos que había adquirido. Historias de espectros, según decía el autor de anónimo nombre, basadas en hechos reales. Observé por la ventana de mi humilde buhardilla las agujas de la Espiral de las Almas. Hacía frio.  


Volví a encender la vela observando su suave titilar, el parpadeo rítmico de la llama que pronto sería consumida, como la vida. No es de extrañar que con semejante música heladora de fondo y la lectura que me traía entre manos, me dejase llevar por las reflexiones sobre la muerte que llevaban tiempo acompañándome en mi intimidad. Por lo menos mis semblanzas acabarían teniendo sentido y dotadas de veracidad, no como aquel autor que por tal se tenía, quien dijera que: La muerte no es más que el mejor regalo que pudiera otorgar la vida.


Y leyendo la novelucha de fantasmas comencé con la primera de las preguntas que uno ha de hacerse cuando recopila información sobre aquello de lo que va a tratar. El qué o el quién.


Cerré la novela de golpe y la dejé sobre la cómoda de mi abuhardillada estancia acomodándome sobre la cama; con los ojos cerrados y la mente adormilada formulé la primera de las preguntas a responder:





Por Anney Gallaway.

Cuarta mano

On
lunes, 5 de diciembre de 2016


The Witcher 3

 Los postigos cerrados y las puertas selladas no impiden sentir un escalofrío a todos los presentes en una taberna cualquiera de Velen. Todas las miradas se posan en Morgan, que con toda su incorporeidad, agita los espectrales brazos y exclama:
—¡A mí no me miréis!  Y sin embargo, el frío enturbia la estancia, las velas titilan menguando su llama hasta casi mínimos, solo un instante. Cuando la llama vuelve a su ser, la carta de la siguiente mano se encuentra volteada sobre la mesa y en juego, esperando a ser girada. Y en la mesa de la disputa, una nueva presencia inclina la balanza.   Cuarta mano de la partida de Anney Gallaway.

Lamentos quejumbrosos

On
domingo, 27 de noviembre de 2016




Lamentos quejumbrosos, de un violín ansioso.


¡Cómo este violín quejumbroso y ajado somos!

Puedes aprender a tocarlo y obtener una melodía perfecta,

Sin embargo, la mayoría de las veces,

Sonará una nota solitaria y desafinada.




Por Anney Gallaway. De la casa de "A". Duelista, buscavidas, trovadora y experta en espectros.

Tercera mano: El Violín.

On
martes, 22 de noviembre de 2016

© Mark Arian


Cuando perdemos aflora el miedo, cuando aflora el miedo, le suceden la locura y el ingenio.

Anney desvelando la tercera mano de su partida de cartas, de su partida de la vida: El Violín.

El hogar

On
viernes, 18 de noviembre de 2016


© Paula InBlue


Es entonces cuando los cimientos se quiebran, solo en el momento en que decidimos hurgar en las raíces, en el pasado, el hogar y la familia.


Anney Gallaway jugando la partida de su vida. Entre mano y mano se puede ver algo de ella y lo que la ha llevado hasta allí.

Y dijo Anney...

On
miércoles, 16 de noviembre de 2016

 
Assassins Creed Unity


¿Es usted virtuoso?, ¿no?, entonces disculpe, tengo asuntos que requieren rápidamente mi atención. 

Anney Gallaway escabulléndose de quien no le causa interés.